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Psicología y fe: ¿Enemigas e incompatibles?

  • Foto del escritor: Psic. Antonio Mata
    Psic. Antonio Mata
  • hace 5 horas
  • 8 min de lectura

¡Bienvenidos y bienvenidas! Estoy contento de que me acompañes a este blog, diseñado para hacerte sentir en un espacio de calidez, entendimiento y, por qué no, de reto para promover tu crecimiento en todo sentido: tanto a nivel personal, profesional como espiritual.

Para iniciar con esta sección, abordaré uno de los temas más escabrosos en el ámbito de la psicoterapia y la consejería bíblica: la relación entre la psicología (entendida como una ciencia secular) y la fe cristiana. ¿Cuál es la relación entre ambas? ¿Es una relación marcada por la hostilidad y la incompatibilidad? ¿Es una relación de independencia y autonomía, donde no hay conexión alguna entre ambas? ¿O acaso la relación es tan íntima que se borra cualquier distinción, dando pie a una "psicología cristiana"?

¿Qué es realmente la psicología?

Antes de responder a estas preguntas, me parece necesario y útil aclarar el significado de los términos que estamos usando. En primer lugar, ¿qué es la psicología? Algunas personas pueden tener un mal concepto de esta disciplina (tengo en mente a algunos pastores, consejeros y figuras de autoridad dentro de la comunidad cristiana que se oponen a la psicología, como el pastor y psicólogo español David Barceló, y muchos otros): se piensa que es una "pseudociencia", es una filosofía atea, es un método humanista de salvación. Pero, ¿eso es preciso?

Una manera de definir la psicología (y cualquier otra disciplina) es apelando a la raíz de la palabra (es decir, su etimología). En este caso, psicología proviene del griego ψυχή (alma) y λόγος (estudio); es decir, la psicología es el estudio del alma. No obstante, pretender definir toda una disciplina apelando exclusivamente a su nombre es inadecuado, entre otras razones, por el hecho de que el uso de una palabra cambia a lo largo del tiempo; sería un desatino adjudicarle el significado antiguo a una palabra utilizada en un contexto contemporáneo (error que recibe el nombre de falacia etimológica).

Las disciplinas son mejor definidas cuando examinamos sus objetos de estudio; en otras palabras, analizar qué estudia y cómo lo estudia. En el caso de la psicología, tenemos tres objetos de estudio a distinguir:

  • Objeto material de estudio. Se refiere a la cosa que se estudiará; para la psicología, es el comportamiento humano.

  • Objeto formal de estudio. Se refiere al aspecto específico que se investigará; para la psicología, es el conjunto de procesos —percepción, atención, memoria, lenguaje, aprendizaje, etc.— e influencias —biológicas, sociales, ambientales, etc.— detrás del comportamiento humano.

  • Objeto formal quo. Hace referencia al método usado en la disciplina; en el caso de la psicología, es el método científico (respecto al estatus científico de la psicología, publicaré más adelante un artículo al respecto).

De esta manera, propongo la siguiente definición de psicología: es el estudio científico de los procesos e influencias detrás del comportamiento humano.

¿Y qué hay de la fe?

La fe cristiana, al igual que la mayoría de fenómenos complejos, es difícil de definir. Por un lado, podemos iniciar la tarea apelando a la etimología: la palabra fe proviene del latín fide, y significa "lealtad" o "fidelidad"; así mismo, "cristiano" es un término griego (χριστιανός) que aparece en Hechos 11:26; literalmente significa seguidor de Cristo. Pero como señalamos anteriormente, esta apelación será insuficiente.

¿Qué caracteriza, entonces, a la fe cristiana? Sin pretender demostrar un consenso absoluto, propondré la siguiente definición desglosada que utilizaremos para el presente escrito, y que estoy convencido será aceptada por la mayoría de creyentes:

  • Religión. El cristianismo es una religión; sé que esto puede resultar escandaloso para algunos sectores de corte evangélico, quienes afirman el slogan (algo cursi) "Dios no es religión, es relación". Y si bien creo entender el punto de esa frase (el cual me parece que es desligarse de conductas de religiosidad y fariseísmo), no podemos negar el hecho de que el cristianismo comparte parecidos de familia de otras grandes religiones: un conjunto de dogmas que se organizan alrededor de cierta institución, con prácticas y rituales que pretenden generar un camino de salvación/liberación.

  • Teísta. El teísmo es la posición que afirma la existencia de, por lo menos, una deidad personal (es decir, que interactúa con el mundo). En la fe cristiana, afirmamos que existe un Dios trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que actúa en la historia (por ejemplo, a través de milagros o revelaciones de Dios), con miras a salvar al ser humano de su condición pecaminosa, la cual le genera sufrimiento.

  • Centrada en la persona de Jesucristo. La fe cristiana gira alrededor del personaje histórico de Jesús de Nazareth. Por motivos de espacio, no puedo profundizar en las llamadas búsquedas del Jesús histórico, pero resumiré lo que afirma la fe: creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios encarnado, quien vivió una vida perfecta delante de Dios, murió crucificado para expiar nuestros pecados, y resucitó corporalmente al tercer día para vencer a la muerte y darnos esperanza de una vida eterna plena.

Aunque pueden decirse muchas otras cosas, creo que una definición adecuada de la fe cristiana sería esta: es una religión teísta centrada en la persona de Jesucristo —su vida, su ejemplo a seguir y su misión.

¿Se pueden mezclar?

Definidos los términos, procedemos a abordar lo que, en el fondo, es la preocupación tanto de colegas como de algunos hermanos en la fe: ¿podemos mezclar ambas? Y si esa es la pregunta planteada, la respuesta debe ser contundente: ¡No, no se pueden mezclar!

"Fin del debate, entonces", pensarán algunos. Pero, ¿de verdad no podemos añadir nada más? ¿O se mezclan o son incompatibles? ¿Esas son las únicas dos opciones?

Una de las lecciones más valiosas que mi profesión me ha dejado es la identificación de pensamientos irracionales; el pensamiento dicotómico —la tendencia a pensar que sólo existen dos opciones— es uno de ellos. Me parece que este es un error bastante común a la hora de discutir la integración entre fe y psicología: o las mezclamos de forma acrítica (al punto de llegar a la pretendida "psicología cristiana"), o las dejamos aisladas y sin ningún tipo de relación.

Hoy quiero ofrecerte una tercera opción: ni mezclamos ni aislamos, sino que integramos. Pero, ¿qué significa integración? Es una palabra compuesta de raíz latina: integer, que significa “completo”, y el sufijo õnis, “acción o efecto”. Por tanto, etimológicamente significa la acción y efecto de hacer un todo completo. Pero, como ya lo sabes, la etimología nunca es suficiente; el Dr. Antonio Tena Suck aclara que “la integración de un campo no implica la eliminación de los componentes o las partes, sino la articulación de las mismas”. En resumen: Integrar no es hacer una mezcla acrítica, sino una articulación coherente entre dos disciplinas diferentes.

En su libro, The integration of psychology and christianity, William L. Hathaway y Mark A. Yarhouse identifican cinco grandes dominios de integración: cosmovisional, teórica, práctica, de roles y personal. Cada dominio comprenderá diferentes esfuerzos de integración (los cuales no abordaremos aquí por motivos de espacio; sin embargo, te recomiendo que te inscribas aquí al curso Psicología y fe cristiana que prepararé para ti, donde profundizamos en cada dominio). Esto debe alertarnos sobre la complejidad del tema: no se resuelve con respuestas simplonas, sino que requiere un análisis profundo en cada dominio, para entonces determinar si es posible tal integración.

Propongo el siguiente planteamiento: la psicología es una ciencia que debe partir del naturalismo metodológico —una forma de estudiar la realidad caracterizada por renunciar a preguntas y respuestas sobrenaturales, limitándose únicamente al mundo natural, observable y medible. Cabe mencionar que el naturalismo metodológico no niega la realidad espiritual; simplemente no contempla esa realidad para llevar a cabo su investigación. De la misma forma en que un meteorólogo estudia el comportamiento climático sin apelar a los mitos griegos sobre Zeus o Poseidón, o un médico estudia el organismo humano sin apelar al Corán... el psicólogo debe estudiar el comportamiento humano sin apelar a ideas sobrenaturales (de nuevo, no porque no exista, sino porque no le interesará en su investigación científica). Por esta razón, yo niego la existencia de una psicología cristiana: tal noción implicaría negar el naturalismo metodológico, lo cual destruye el fundamento sobre el cual descansa la investigación científica.

Al mismo tiempo, la fe cristiana centra sus creencias y prácticas en la persona de Jesucristo y su misión, la cual fue alcanzar a la humanidad con Su gracia y perdón, restaurando la relación entre el hombre y Dios. Las formas en que Dios da a conocer Su intención restauradora son múltiples: una de ellas es la Biblia, pero también lo hace a través del mundo creado —el universo, la naturaleza, el hombre. De este modo, uno puede conocer a Dios y Su plan, ya sea leyendo la Biblia, con un telescopio, en un laboratorio... ¡o en un consultorio psicológico! ¡La investigación del mundo creado por Dios revela a Dios! (véase Romanos 1:18-20). Sería extraño que el mismo Dios que revela una cosa en la Biblia, revele otra completamente diferente en el mundo que creó. De esta manera, yo afirmo la necesaria relación entre la fe y la psicología (y muchas otras ciencias).

¡Pero es anti-ético!

Este es el grito en el cielo que algunos colegas lanzan cuando conocen el trabajo de integración que procuro realizar entre psicología y fe cristiana. Sin embargo, al momento de escribir este blog debo decir que nadie ha sido capaz de demostrar un solo artículo del Código Ético del Psicólogo en México donde se estipule tal cosa. A lo sumo, demuestran que es anti-ético que un psicólogo imponga sus creencias... ¡Pero eso no es lo que proponemos aquí! Rechazo rotundamente toda praxis impositiva, en donde se obligue a una persona a creer en Dios, en Cristo o en cualquier otra cosa.

El planteamiento que aquí ofrecemos es distinto: como psicólogo, siempre respetaré tus convicciones, sean teístas, ateas, agnósticas o cualquier otra. El asunto crucial es este: si la fe en Dios forma parte de tus más profundas creencias, y anhelas que se incluya en tu proceso terapéutico, ¡me encantaría hacerlo! Mi disposición no es solo porque yo también sea cristiano; la investigación ha sugerido que la creencia religiosa integrada en los procesos terapéuticos suele tener resultados efectivos, constituyéndose en un factor protector para muchos problemas de salud mental (nuevamente, te invito a inscribirte en mi curso para conocer más detalles).

Lo anterior es congruente con los lineamientos del movimiento de la Práctica Basada en Evidencia (PBE), la cual es definida por la APA como «la integración de la mejor investigación con la pericia clínica en el marco de las características, la cultura y las preferencias del paciente». En el libro Intervenciones con Apoyo Empírico, el Dr. José Luis Ybarra (2015) explica:

La Práctica Clínica Basada en Evidencia (PCBE) implica considerar los valores, creencias religiosas, cosmovisiones, objetivos y preferencias de tratamiento del paciente e integrar todo ello con la experiencia del psicólogo y la comprensión de las investigaciones disponibles.

Así que, no sólo no es anti-ético integrar la fe en un proceso terapéutico, sino que cualquier psicólogo al que le importe alinear su práctica con los más altos estándares científicos necesita saber integrar la fe de su consultante en la terapia (siempre y cuando así sea solicitado). ¿El problema? Pocos colegas pueden hacerlo, ya sea por completa ignorancia de la fe de su consultante o por mero prejuicio y sesgo personal.

Por eso estoy comprometido con esta labor: para servir a los cientos de miles de creyentes que anhelan un acompañamiento psicológico que contemple una de las áreas más importantes de sus vidas: la fe. También quiero servir a aquellos colegas que, ya sea que compartan la fe de sus consultantes o no, quieran adherir su práctica al movimiento de la PBE con clientes creyentes. Y, por supuesto, la PBE no es exclusiva para religiosos: quiero servir a toda persona que, en medio de su sufrimiento, desea acercarse a esa vida plena, llena de propósito y significado con la que tanto ha soñado.

Si tú formas parte de esas personas, ¡siéntente en tu espacio!

 
 
 

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